Bautismo

agosto 20, 2007

…aquel tobogán parecía tocar el cielo, cada escalón se hacia mas largo que el anterior, llegar a la cima se tornaba eterno y una vez arriba, mirar para abajo me generaba un nudo en el estomago y una sensación de hormigueo en la parte posterior de mis piernas. Lo mismo pasaba con el descenso, si bien duraba unos segundos, estos se prolongaban al infinito y la sensación de vacío que me causaba, aun hoy puedo sentirla.

A los 8 años las cosas que nos rodean parecen muchísimo mas grandes, recuerdo haber llegado de la mano de mi abuelo, lo monstruoso de aquella obra me provocaba dolor en el cuello, debido a que todo el tiempo me la pase mirando hacia arriba. Una vez adentro, bajamos por unas escaleras muy angostas, que contrastaban con lo gigantesco del edificio, al final de esta, encontramos una puerta aun más chica. Mi abuelo golpeo solo una vez, espero unos segundos y un señor nos abrió. Se abrazaron respetuosamente, después este hombre me abrazo a mí de la misma manera que mi abuelo solía hacerlo, y nos invito a pasar. Tanto este hombre, como mi abuelo eran personas de gran porte, lo que hacia que la habitación pareciese aun mas chica, atestada de anaqueles y escritorios que rebalsaban de libros que dificultaban la circulación, la atravesamos y llegamos a otra, de las mismas dimensiones, pero completamente despejada, en esta sola se distinguía un relicario antiquísimo.

Este señor era el baptista, su función era el nombrarme ante los ojos de Dios, Azrael, su encomendado en la tierra.

Saco de adentro de aquel relicario, una manta color beige prolijamente doblada, la coloco sobre este, y comenzó a abrirla, una vez desplegada pude ver un cáliz y una daga, los dos muy pequeños y poco ornamentados.

Me explico, mientras me hacia un corte en forma de L en la parte superior de mi mano izquierda, que il Battesimo di sangue, rememora que el bautismo recibe su eficacia de la pasión de los hombres por Dios, con la que se conforma quien lo recibe y como quien sufre el martirio queda también configurado con dicha pasión, coloco la sangre en el cáliz, murmuro unas oraciones, volvió a guardar todo muy prolijamente y nos despidió.

Volvimos a casa con mi abuelo, los dos con la misma marca en la mano, bajamos las cañas de pescar, le dimos un abrazo a la abuela que agarro uno de los bolsos y dijo. -mmm pescado y vino, manjar de dioses…-

Muerte

agosto 8, 2007

…mi abuelo me daba el despertador cada noche para que yo le diera cuerda a la alarma, era uno de esos relojes que tienen una especie de martillo entre dos campanas. Nunca entendí el porque del despertador, ni mi abuelo ni mi abuela debían cumplir horarios de ningún tipo, ambos eran jubilados, pero igualmente todas las mañanas, diez minutos antes de las ocho sonaba el despertador.

Veinte días se habían cumplido desde que mi abuelo trajo a aquel lechoncito, yo me levantaba con aquel despertador todas las mañana para darle la leche en una mamadera que había quedado en la casa de cuando yo era un bebe, es increíble lo inteligente que son los cerdos, este de a ratos se confundía con una mascota, te seguía por la casa, respondía a los llamados, incluso ya estaba aprendiendo a hacer sus necesidades en un rincón del patio de atrás.

Mi abuelo, me llevo a la terraza de la casa, no íbamos mucho arriba porque a la abuela no le gustaba, ya que esta no tenía un tapial, ni una baranda, estaba directamente la cornisa y esto la asustaba. Entro al altillo, me pido que lo esperara afuera, y enseguida salio con un cuchillo enorme, o al menos así lo recuerdo, en la mano. Bajamos la escalara, puso el cuchillo sobre una mesita, agarro al chanchito le ato las patas y lo colgó del tendedero que usaba mi abuela para colgar la ropa. Me miro, miro el cuchillo y después miro al cerdo.

Tome el cuchillo con mi mano izquierda, a pesar de que para casi todas las actividades que realizo soy diestro, espere que el cerdo parara de moverse, o al menos que lo hiciera menos enérgicamente, y cuando lo tuve de frente, le hundí el cuchillo, justo entre el pecho y la cabeza. Recuerdo lo estruendoso del chillido, sin embargo no deje de hacer fuerza hacia delante en ningún momento. Mi abuelo me quito el cuchillo de la mano, y termino el trabajo.

Fui corriendo con mi abuela para contarle que habia matado al lechón, y ella me pregunto – ¿no era tu amigo? – no abuela, era un cerdo

Dificultad

agosto 5, 2007

…como toda figura de alter ego, lo difícil no es ser, lo difícil es disimular el no ser. Lo que esta poco claro, en mi caso, es saber cual de mis dos vidas representan el alter.

Yo ordinariamente soy una persona completamente promedio, las actividades que llevo a cabo me relacionan permanente con gran cantidad de personas que creen conocer mi vida, y de hecho, lo hacen, solo que ellos conocen realmente una de mis substancias, pero no el paquete completo.

Ocasionalmente, me desprendo de esa faceta, y me ubico en un lugar donde nadie conoce siquiera mi cara.

Ahora, lo difícil, es saber cual de estas dos representa a mi figura de alter. Soy una persona ordinaria a la cual se le entrego una labor atado a ciertas obligaciones. O soy un asesino que trata de esconderse en lo ordinario de vivir.

Asesinos

agosto 1, 2007

…mi abuelo siempre marcaba la diferencia entre un asesino y un si carii.

El contaba que un asesino era una persona que no actuaban en post de sus propias convicciones, sino que eran arrastrados por la codicia.

Contaba una leyenda, la cual hablaba sobre ciertos dirigentes de una secta que captaban a personas destinadas a matar, del siguiente modo. Estos eran drogados con hachís hasta quedar dormidos. Entonces se los llevaba a un jardín secreto de cierto palacio, lleno de agua, animales exóticos, árboles frutales y mujeres hermosas, donde despertaban, creyendo encontrarse en el paraíso. Después de disfrutar unas horas del supuesto edén, eran drogados por las doncellas y despertaban en el punto de partida. Un líder de la secta los convencía de que habían tenido el privilegio de conocer el paraíso y que podrían volver a él, por toda la eternidad si cumplían la misión asignada.

Nosotros, somos entrenados de pequeños, para poder cumplir con los lavoros que se nos otorgan, y así liberar a ciertos peccatore del infierno en el que se encuentran.